El reciente anuncio del Remake de Resident Evil 2 (RE2) ha revivido el debate conocido como “la generación del refrito”, y no es para menos. En los últimos dos años se han editado o anunciado cantidad apabullantemente apabullímica de remakes y remásters de juegos ya existentes. El anuncio de este remake es además con todo el morro: sin presentar nada, sin mostrar ni una imagen. Sólo un vídeo donde, pues eso, lo anuncian.

No quiero criticar el hecho de que se hagan remakes, ni mucho menos. RE2 es un juego que marcó a toda un generación, y merece tanto ser rememorado como descubierto por nuevos jugadores. Aunque hay que decir, ya que estamos, que la saga Resident Evil es un plagio de Alone In The Dark 1 (AITD), asunto recientemente reconocido por el propio Mikami (creador de Resident Evil). Al parecer, un contrato con Capcom le impedía reconocerlo. No solo no lo reconocía, sino que cuando era preguntado por ello lo negaba tajantemente. Ahora que ya no trabaja en Capcom ha podido dar crédito al trabajo de Frederick Raynal (creador de Alone In The Dark). De hecho, Mikami dijo que de no ser por AITD, RE sería un First Person Shooter (FPS).

Volviendo al tema, como decía, no pretendo criticar que se hagan remakes o remasters. El que no lo quiera, que no lo compre, y ya está. Pero es conveniente hacer una reflexión al respecto: ¿por qué la industria ha acelerado tanto el ritmo de ramakes? El número es exagerado. Así, de memoria, se me ocurren:

  • God Of War: remasterización
  • Gears Of War: remasterización
  • Halo: remasterización
  • Devil May Cry 4: remasterización
  • The Last Of Us: remasterización
  • Grim Fandango: remasterización
  • Resident Evil: remasterización del remake (Toma ya!)
  • Zelda: The Wind Waker: remasterización
  • Final Fantasy VII: remake
  • Shadow Of The Colossus: remasterización

En contraposición, el número de “buques insignia” de esta generación es escasísimo. Le quitas el Batman Arkham Knight y el The Witcher 3 y se queda “en na”. A mí la conclusión me parece clara. Los niveles de producción de un videojuego puntero están por las nubes, incluso más altos que muchas películas de alto presupuesto. Las compañías no pueden soportar esto y se han lanzado al dinero fácil para financiarse.

Los altos costes de producción, además, suelen llevar consigo un mínimo riesgo, por lo que las fórmulas jugables de los grandes “hits” se repiten una y otra vez. No ofrecen innovaciones jugables, y la creatividad brilla por su ausencia. Desde este humilde blog hago un llamamiento a que nosotros, como jugadores, valoremos los juegos que no sean punteros, pero ofrezcan frescura, originalidad y creatividad. También hago un llamamiento a que exijamos siempre retrocompatibilidad en las nuevas videoconsolas, porque un remaster para PS4 de un juego de PS3 no tiene sentido, se mire por donde se mire.

A la izquierda, PS3. A la derecha, PS4. ¿En serio vale la pena?

A la izquierda, PS3. A la derecha, PS4. ¿En serio valía la pena?

Simplemente, la PS4 tendría que haber sido retrocompatible con la PS3. Y con todas las anteriores. La única que se porta un poco en este tema es Nintendo. Wii era compatible con GameCube, y WiiU es compatible con Wii (aunque le falta ser compatible también con GameCube, que por arquitectura podría perfectamente).

En conclusión: los costes de desarrollo de un videojuego son increíblemente elevados, por lo que nos inundan a remásteres. Además, las producciones elevadas suelen implicar poco riesgo y poca creatividad. Es más necesario que nunca que como consumidores apostemos por productos frescos y originales.